Putin se opuso al matrimonio gay, los llamó “transformers” y se rió de la bandera LGBTI en la embajada de EE.UU.

El Gobierno del presidente ruso, que con la reforma constitucional podría permanecer en el Kremlin hasta 2036, ha reprimido los derechos de la comunidad LGBTI.

Con dos décadas al mando de Rusia, Vladimir Putin salió triunfante esta semana en un referéndum que le abrió la vía para mantenerse en el poder hasta 2036, un resultado criticado por la oposición y los países occidentales.

En Rusia, la homosexualidad fue descriminalizada en 1917, pero en 1933 se convirtió de nuevo en delito. A partir de entonces, las leyes volvieron a ser modificadas para legalizar la homosexualidad. Sin embargo, en 2013, Vladimir Putin auspició una serie de leyes contra la “promoción” de la misma.

En junio de aquel año, por ejemplo, fue adoptada en Rusia una ley contra la propaganda LGBTI, que condena la difusión de cualquier tipo de promoción de la homosexualidad dirigida a menores de edad con multas y penas de cárcel.

“Mientras yo sea presidente, no habrá progenitor uno y progenitor dos, habrá mamá y papá”, señaló el gobernante ruso durante una reunión con el grupo de expertos encargados de redactar las enmiendas constitucionales.

Este viernes 2 de julio, Putin se burló de la embajada de Estados Unidos en Moscú, que había colgado a finales de junio una bandera arcoíris, símbolo de la lucha homosexual, en su fachada.

Durante una videoconferencia, respondiendo a una diputada que le señaló que la embajada había colgado la bandera para el Mes del Orgullo, Vladimir Putin preguntó con una sonrisa: “¿Quién trabaja en este edificio? Dejémoslos celebrar. Esto dice algo sobre la gente que trabaja allí”.

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